-Hola Kol- Saludo la pequeña Isabel a su ya anciano abuelo -¿Dónde
está mi chocolaaa…-interrumpió al ver que su abuelo se lo estaba comiendo.
Koldo se giró hacia ella y le tiro el chocolate al gato, su cara estaba
arrugada por la edad pero aún se podía leer la expresión de “yo no eh sido” en
su rostro.-Te lo juro ha sido Shire, es enserio-.
-Si claro-dijo la niña con absoluta incredibilidad - ahora cuéntame
una de piratas-.
-¿Si te cuento una historia de piratas me perdonaras?-pregunto Koldo
un poco esperanzado.
-Depende de que tanto me guste-cuando Isabel dijo esto, los dientes
del viejo se aburrieron de esconderse y mostraron su gris pero maravillosa
sonrisa.
-Siendo así déjame recordar, tengo una que estoy seguro te gustara-dijo
Koldo y empezó a recordar sus viajes y aventuras buscando alguna que tuviera
piratas.
-¡Ya la tengo!-exclamo el viejo con gran energía como si hubiera
descubierto el secreto de la vida eterna.
-Pues bueno y ¿Qué esperas?- pregunto Isabel mientras se acomodaba en
el tapete a los pies de su abuelo.
-Hace muchos años cuando yo era joven y ya era bastante difícil
encontrar una buena aventura en la tierra, decidí aventurarme al mar, me
inscribí en la marina, me permitieron embarcarme con Robert Maynard el cual se
dedicaba a cazar piratas que no le prestaran servicio a la reina, primero se
nos envió a cazar a Anne Bonny y su
compañera Mary Read en compañía con el comandante Jonatán Barnet parecía una
misión fácil “Serán mujeres pero siguen siendo piratas, solo saben saquear y
beber podría apostar que para mañana toda su tripulación estará tan ebria que
no serán capaces de distinguir entre una espada y un rayo o entre un disparo y
un trueno” decía nuestro capitán mientras movía su espada de un lado a otro
como si pudiera cortar el aire.
Nuestro capitán ya tenía sus años, suficientes como para haber caído
muerto simplemente de viejo, pero sus historias como cazador de piratas eran
increíbles, la tripulación contaba como había encontrado un tesoro antes que
unos piratas y les había tendido una trampa, quedándose así con sus cabezas y
el oro, también había perseguido piratas desesperados por ver a su muerte
llegar que entraban rio arriba en los continentes pero esto no les salvaba de
nuestro capitán que podría navegar con completa serenidad y calma en los ríos
más pequeños y caudalosos, también se contaba que en el capo de batalla era una
bestia usaba una espada en su mano derecha y una pistola en su otra mano,
siempre guardaba su tiro para utilizarlo en caso de que el capitán pirata se
resistiera, incluso tuvo un duelo mano a mano con el pirata mes temido de todos
los tiempos Edward Teach… Barba Negra como se le conocía en esos tiempos
¿tienes frio Isabel? O se te ha helado la sangre con solo escuchar su nombre-
-Ambas, además ya esta tarde- dijo Isabel soltando una risita nerviosa-traeré
una cobija, sigue contando mientras la traigo-
-Bueno, se cuenta que durante el enfrentamiento de Barba
Negra-Continuo Koldo-con nuestro capitán, Maynard logro asestarle por lo menos
cuatro cortes en el pecho y cortarle una de las mechas de cañón que le colgaba
a Barba Negra de su rostro, pero parecía que el corte que más le había dolido
era el de mecha de cañón, aun sin el fuego de esta su rostro seguía iluminado
como si irradiara luz propia, una luz roja que solo lo iluminaba a él, una luz
infernal, Maynard que estaba ileso todavía, apunto su arma a el corazón del
temido pirata, pero al disparar el cuerpo del pirata solo se sacudió para
después seguir luchando, se volvió más rápido y fuerte, nuestro capitán sintió frio
en su interior era algo que nunca antes había sentido… sentía miedo, “ayúdenme
por aquí” grito pero nadie lo escucho, estaban demasiado ocupados por salvar
sus vidas, “oh, vaya pareces tener miedo” respondió riéndose Barba Negra
continuaron luchando, el capitán no podía seguir el ritmo y cayo de rodillas
frente al pirata, pero en menos de lo que explota un rayo el capitán escucho
cuatro explosiones provenientes de sus suboficiales de confianza que le habían
tendido una emboscada y el malvado
pirata callo en su regazo, el capitán lo remato decapitándolo y se retiró a su
barco sin decir palabra y sin mirar atrás, llevaba consigo la cabeza del pirata
que era temido por piratas.
Cuando amaneció ya hacia rato que estábamos preparados para dar el
abordaje, fuimos al borde del barco y esperamos una distancia segura para
saltar, yo ansiaba que mi espada la cual ya había estado con incontables
bailarines probara por primera vez el sabor de los alfanjes piratas, justo como
el capitán había dicho todos seguían ebrios del ron de la noche pasada, al
parecer solo eran dos personas sobrias y eran las dos mujeres, bailaban mucho
mejor que los otros, ellas eran agiles y entre las dos se enfrentaron contra
los dos capitanes en una hermosa coreografía que parecía que la hubieran estado
practicando desde hace tiempo, mi espada se había aburrido de tantos ebrios y
quería acción real así que me abrí paso hacia proa donde estaba el fiero choque
de metales, el hierro de nuestra parte y el oro de ellas, mi capitán había
fallado su tiro y Barnet estaba a punto de probar el sabor de una espada de
oro, llegue a tiempo para salvarlo, creo que jamás volveré a luchar contra una
espada que tuviera tanta coordinación con su ama. Empecé bien, calmado, sin
mucha prisa, prestando atención al ataque sin descuidar la defensa, me empezó a
arder el brazo izquierdo, un ardor como de fuego, mire, estaba rojo, pero no
era un rojo fuego, estaba rojo de sangre, allí perdí la concentración y Mary
Read asesto con su hoja dorada en mi abdomen, quede inconsciente, desperté en
el barco del capitán devuelta a casa, después me contaron que el capitán había
luchado contra las dos juntas y había logrado capturarlas, como agradecimiento
de haber salvado al comandante Jonatán me permitieron conservar la espada
dorada con la que había danzado, si quieres puedes comprobarlo, Isabel, la
espada está en el último cajón de mi escritorio-.
La niña ansiosa por confirmar la historia se descobijo y abrió el
ultimo cajón del escritorio, lo que encontró no fu oro pero su cara se ilumino
como si hubiera encontrado el diamante más valioso de todos los tiempos, era
chocolate, miro a su abuelo quien le mostro una gran sonrisa que a ella tanto
le gustaban cogió un par de chocolates y sin ver la hoja dorada que apareció al
sacarlos, se retiró y se sentó en las piernas del abuelo.
-Te perdono- le susurró al oído y comieron a si chocolate el resto de
la noche
.